domingo, 3 de abril de 2011

Epístola Conclusa / Aullidos

Las tardes y mañanas se van al carajo, la decision está tomada. Al cruzar dicha puerta dejo escrito un desgastado pergamino...


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Alteza, honores a vuestra merced:
No se si comprenda lo que digo, lo que hago, ni importa; a fines prácticos al parecer da igual si quiero compartir algo con usted, una opinión, un dicho, unas palabras. Detesto hablar en el desierto, nunca gasto más palabras de las necesarias, y sin embargo mi cuota de vocablos exede lo necesario cuando con usted pretendo hablar.
Se que a veces estás y no estás, el velo de la indiferencia puede pasar desapercibido para el vulgo, pero no nos mintamos entre demonios. Cuando solo uno habla, el silencio es doble. Créame, no estoy despotricando contra nadie, ni pretendo reprochar nada, porque nada malo o negativo guardo contra usted; pero cuando solo se obtiene silencio como respuesta lo mejor es contestar de la misma forma, al menos así usted estará tranquila -tal parece que ese es su estado hace mucho, y yo solo vengo a esparcir la peste a vuestro idílico reino- pues bien, de nuevo os digo, y perdóneme que insista pero debe quedarle claro, nada negativo guardo contra usted. Mi odio se reserva a otras instancias... eso solo que... no puedo permanecer en silencio cuando éste solo me sabe a hipocresía; prefiero esparcir la peste a llevar la mascara de la hipocresía...
Puede que me haya odiado a mí mismo en algún momento, pues jamás me perdonaré haber sido fuente de desgracias cuando debí protegerla... tal vez el olvido sea la mejor alternativa.
Ya no os incomodaré otra vez su alteza, luego de esta abundante sarta de palabrejas solo quedarán sombras. Mis últimas palabras a su merced, bajo el umbral de la mencionada puerta: Espero que el cielo exista para usted, aunque sea duro el camino, nunca deje de andar, si cae se levanta y si no puede sola, que le ayuden a levantarse, no estaras sola en tu senda; que el cielo exista para usted, "aunque mi hogar sea el infierno"...
pueden parecer graves estas palabras... no lo son tanto, solo caminaré otra senda, la cual no puedo sino ir solo, como he mencionado en anteriores escritos. Agradezco cuanta luz trajo a mi vida, pero las sombras esperan bajo el Árbol de la Muerte. (palabrería barata, detesto ponerme en un rol pateticamente poético).
Finalmente
¿esto es un adiós?
por más que lo desee, se que no me corresponde contestar esa pregunta.




                                          Leviathan, Demonio del Abismo.



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Las sombras me dan la bienvenida al cruzar aquella puerta...

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