miércoles, 28 de enero de 2015

Quimeras / Bajo la Lluvia

El dolor de una herida abierta permanece. Podemos acostumbrarnos a la herida, a adoptar posturas que sean menos incómodas a ella, podemos caminar de una forma extraña y hasta graciosa con tal de evitar seguir lastimando esta herida, pero ahí está, permanece abierta, supurando, infecta y pútrida, dolorosa….

Yo fui un guardián -y lo soy-; ofrecí el servicio incondicional de mi espada y mis garras a los pies de un Hada Siniestra. No estaba subyugado, no estaba sometido, pero el filo de mi espada y mis colmillos, la fuerza de mis brazos y mi voluntad sirvieron -y sirven- para ser el Guardián de la Soledad de esa Hada Siniestra. Me encuentro atado a tu destino, y solo el fin de tus días terminará con ese vínculo… pero no el fin de los míos, porque se sabe que los muertos regresan de la tumba, se sabe que cruzan de regreso del averno para cumplir sus promesas. Mi juramento me ata a esa Hada Siniestra… y por un tiempo, estuvo bien. Fue hermoso, el Guardián juró ser el custodio de su soledad, hablaba de tiempos futuros, en que el juramento no tendría el cuestionamiento de los Moradores del Cristal, en que podrían caminar entre los cadáveres que dejaría la hecatombe mundial, recorrerían ciudades destruidas en el Apocalipsis, y el Hada brindaba su luz espectral al guardián de la soledad. El Hada acompañó un tiempo al guardián, le dio regocijo a su corazón de piedra, el Hada le regaló un corazón. No uno falso, no uno  enmascarado… un corazón de verdad, el corazón de piedra que se encontraba dentro de sí mismo… esta Hada iluminó su sendero en penumbras, y por un tiempo, estuvo bien…

El tiempo pasó, el mundo no se acabó, no había ciudades destruidas que recorrer juntos, pero Mi mundo se acabó. El Hada tuvo miedo, el guardián, inexperto en el uso de su recién hallado corazón, no sabía qué hacer, solo se preocupaba de no causar más daño a aquella Hada Siniestra que le había dado tanto... Pero cada palabra, cada movimiento de este guardián se convertían en puñales hirientes contra el hada. Y ella se alejó, por miedo, por desencanto, por hastío, o porque sí, no lo sé… pero se alejó… dejando al guardián en las tinieblas que siempre fueron su hogar….

¿¿Y qué diantre es este guardián?? ¿¿Qué criatura es?? ¿¿Qué es lo que soy??

Monstruo me han llamado… un infausto ser de pesadilla… fauces de enormes colmillos sedientos de sangre, una lupina piel granítica y tosca, y un corazón de piedra… y el hada pudo ver (eso creí yo) tras esa máscara monstruosa…
¡Cómo pude ser tan ingenuo! Un monstruo jamás tendría el corazón de una pequeña hada infernal… debí limitarme a observarla en la distancia, verla crecer y convertirse en la ninfa que es ahora, pero sin destruir sus alas, que aunque no quiera reconocerlo tienen cicatrices del pasado inefable en que nos conocimos…

Pero hice un juramento, un juramento de sangre. Ya no contemplo el horizonte esperando el paso de los días, el sol sigue saliendo por el oriente y ocultándose en el poniente; ya no observo el sur esperando que el viento austral traiga esta pequeña ninfa, pero ahí estoy… pequeña hada infernal. Soy lo que soy. Sigo vigilando. Sigo siendo el vigía que vela tus sueños, que observa en la distancia, cuidando que la luz de Shamash no calcine tu piel de alabastro, rogando  que un suspiro mío atraviese los vientos que nos separan y logre acariciar el azabache de tu cabello… una pobre esperanza de este viejo vigilante. Observando en la distancia, estás bajo la sombra de otro árbol, espero que seas feliz, y así puedo observarte… si supieras… las sombras que buscan atormentar tu sueño, tu mente, tu alma… soy yo quien las mantiene a raya, mi anónima labor… ¿anónima?... no estoy rompiendo ese anonimato al escribir estas líneas… tal vez es una pobre esperanza, pero a pesar de mi fortaleza, a pesar de haber visto y enfrentado la muerte incontables veces, a pesar de haber luchado y vencido ante esas abominaciones llamadas “ángeles”… siento un pequeño dolor, por lo desconocido de mi tarea… porque vigilo tus sueños, porque alejo esas sombras de tu alma… y no lo sabes, porque para ti no debo ser más que un recuerdo, un mal recuerdo, una pesadilla… pero créeme, hada siniestra, que ninguna de las pesadillas que yo te he causado superan las que he alejado de ti… y sin embargo, si lo supieras… tal vez sea peor…


¡¡¡¡¡Mírame!!!!! ¡¡¡¡Contéstame!!!!... Estoy viejo y cansado, he vivido muchas vidas de hombre, mi espalda se curva por el peso de los años, mi piel aun es tersa y joven pero mis ojos reflejan las vidas que llevo a cuestas… me he convertido en una cáscara de humano, he muerto, mi cuerpo sin alma camina, trabaja, y “vive” por mí… muerto…. Y sin embargo mi voluntad aun permanece… dormida… cual ser primigenio sin nombre… es mi voluntad la que importa… si la voluntad permanece y perdura, la esencia puede volver a vivir… y ahí está, dormida…esa voluntad, aunque dormida, es la que te vigila, aquella que sigue siendo el guardián de tu soledad, quien mantiene alejados los temores de tu alma… y ahí está esa voluntad, esperando ser despertada....

¿Quién puede despertar la voluntad de este monstruo primigenio...? 
¿Quién traerá la luz negra para que en un Amanecer Negro despierte este ser...?
¿Vale la pena que un Hada Infernal arriesgue todo por despertar un monstruo...?
¿Vale el tiempo que ha pasado dormida…? 
¿Vale la tranquilidad de tu alma el despertar de un monstruo…? 
¿Vale…? 
Vale…

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