jueves, 10 de abril de 2014

Perdición

En lo profundo de un frondoso bosque, cubierto por un manto
de fría niebla camina un hombre de armas.
¿Soldado? ¿legionario? ¿caballero andante?, fue un poco de
todos - ahora es menos que nada-... camina por el bosque, huye,
se esconde tras la oscuridad de una noche sin luna, sin estrellas
en el firmamento. Todas ellas le han dado la espalda...
camina y se esconde tras la niebla reptante que le hace compañía,
y no hay forma de escapar.

Caballero en el exilio, limpias tus manos en un río
cercano , se lleva el carmesí de tus manos, mas no se lleva
la culpa... sigues huyendo... de la niebla surge una silueta
familiar... demasiado familiar... por un momento todo parece
un sueño, todas tus  tristezas (y las de ella) parecen un mal
sueño... y tus pies corren tras esa silueta, mientras ruegas
un perdón inmerecido -patético- corres a abrazarla -detestas
los abrazos- y te encuentras con la misma niebla que cubre
tus pasos... no fue un sueño; no es un sueño, ahí está, el
fantasma de tu perdición. No importa cuanto corras ni que tan
lejos llegues, ella vive en tí. Sueltas tu arma, para
aligerar el paso; ella está detrás de tí, y a tu lado tu
espada, herramienta de condenación, ahora de salvación... te
saluda con los brazos abiertos y señala con sus incorpóreas
manos el arma que acabó con sus días.
Coges tu espada, y en los brazos etéreos del fantasma de
quien fue tu amada acaban ahora tus días... en tu pecho
florece un clavel escarlata... mientras sonríes al saber que 
caes en sus brazos, contemplando su rostro translúcido,
espejo de tu sonrisa...
Pero no es su rostro el que ves ahora. Una abominación del
inframundo te devuelve una siniestra sonrisa, mientras tu
vida se desvanece los brazos de esta abominación se hacen más
y mas firmes, sólidos... sus garras toman tu "cuerpo", y eres
arrastrado a las llamas eternas del Averno, en continuo
tormento, condenado a vivir tu pesadilla, hasta el
fin de los tiempo...


...y una rosa negra florece en el jardín de Lucifer

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