miércoles, 31 de agosto de 2011

Schrei / Schweigen


Te miro a los ojos, y busco esa oscuridad que quiero abrazar… ¿no has notado? entre las sombras, entre las tinieblas que tanto temes, que se vuelven más intensas (y aterradoras) ante la luz que llevas. Si el miedo se apodera de tu alma, es – y siempre es por lo mismo – por que desconoces el frío abrigo de las tinieblas…

Hazlo, pequeña. Apaga la luz, cierra los ojos…

Os contaré una historia. Mi historia…
Hace eones, cuando era lo que llamaríais un niño, también temía a la oscuridad. Hasta que decidí enfrentar ese temor a lo desconocido. Apagué las luces de mi guarida, mientras estaba en mi lecho, y me tendí dispuesto a dormir… apagué la luz y un frío temor se apodero de mi pecho… entonces recordé que estaba en mi pieza, y cerré los ojos, palpando mi cama, mis mantas, sus texturas… y me fui calmando, poco a poco… tocando las paredes a mi lado, los fierros de mi cama, y “vi” mi habitación como nunca antes… cálido abrazo de las tinieblas, descubrí cada nueva textura, aroma, y nuevos colores entre las sombras… abrí mis ojos, pero no era necesario… por primera vez fui uno con la oscuridad, ella estaba en todos lados, y yo era parte de ella; por primera vez en mucho tiempo dormí… como un niño. El temor no desaparece, a lo desconocido, a lo que pueda encontrarme en la oscuridad… pero las mismas sombras que ocultan temores inefables, ocultan regalos desconocidos, ocultan conocimiento… y me ocultan a mí, ser de las sombras…

Enciende una luz, y seré tu sombra entre tinieblas.
Apaga la luz, y te volverás una con las tinieblas.
Pero no te librarás de ellas.
No te librarás de mí.
Sigue los aullidos.




Despertar… sueños vívidos, pero sueños al fin y al cabo… soy víctima de los anhelos… No quiero que nuestra rutina nuble nuestra visión, ni que los sueños inconclusos sofoquen nuestros sentidos, ni quiero que la proximidad nos aparte…
Te observo en la distancia… tan cerca, y tan lejos… ¿importa? Si, carajo, si importa, te observo con la intención de recordarte por siempre, de conocerte, de ver el alma tras tus ojos (de morderte), te busco esperando merecer una de tus caricias de fuego, en mi rostro pétreo; esperando que tú aceptes mis gélidas manos cuando ellas buscan las tuyas… no quiero que nuestra cercanía nos aparte, niña, quiero que afloren los zarcillos de la oscuridad de tu alma, que al menos conozcas un atisbo del siniestro abrazo de las sombras… que sigas los aullidos, y encuentres a este lobo estepario... quiero darte la bienvenida a mi infierno, y que a la luz de tu oscura alma, se convierta en un nigromántico Edén bajo la Luna gibosa... tanto para decir "te quiero"... tal vez… tal vez ese sea mi error…tal vez fue mi error... y ahora ardo en ese infierno, devorado por ese lobo, pero yo soy el lobo...


... Ahora has huido, por mi culpa ... y las llamas del Hades arden de cólera... si Dios te castiga por mentir, por robar... imagina que hará contigo el Diablo... huye de las sombras - de tus sombras - hazlo ahora, que no tienes motivos para temer a la oscuridad... hazlo, antes de que las tinieblas te den razones para tu miedo (el miedo no se explica... se siente). ¡Déjame en mi infierno!¡Déjame entre las llamas negras del Hades!.. cada vez que te veo las llamas crecen y calcinan los despojos de mi alma humana... ruego a Lucifer que de mis cenizas nazcan flores negras que guíen el andar de mi ser deshumanizado...

Adiós Sabiduría... perdóname tú, aunque no tengo perdón...


(Las tinieblas esconden tesoros, bellos tesoros que no se aprecian al ver, sino al sentir, pero también esconden tormentos inefables, lo cual hace bellamente crueles a estas sombras... pero crueles al fin y al cabo. Amarte es mi condena).


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